El Riesgo de los Medidores Prepago y su Impacto Social
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La reciente propuesta de la Empresa Nacional de Energía Eléctrica (ENEE) de implementar un sistema masivo de medidores prepago ha encendido las alarmas en todos los sectores del país. Vendida bajo la fachada de "modernización" y disciplina financiera, esta iniciativa legislativa amenaza con hundir aún más la frágil economía de la sociedad hondureña, planteando un escenario donde el acceso a un servicio básico dependerá exclusivamente de la capacidad de pago diario, castigando a los hogares más vulnerables.
La trampa de la "modernización" a cuentagotas
El proyecto que actualmente se discute en los círculos oficiales busca instalar un modelo de consumo eléctrico idéntico al de las recargas telefónicas. La propuesta funciona bajo una lógica implacable: si el usuario no tiene crédito, el servicio se corta de forma automática, sin avisos previos ni periodos de gracia. Para una población que en su mayoría sobrevive del comercio informal y cuyos ingresos se calculan al día, la aprobación de esta medida representaría un golpe directo a su estabilidad.
Las asociaciones de consumidores han levantado la voz advirtiendo las consecuencias de este inminente modelo. De entrar en vigencia, miles de familias vivirán con la angustia constante de perder sus raciones de comida en refrigeradores apagados o ver paralizados sus pequeños emprendimientos de subsistencia. En lugar de resolver el problema del alto costo de la tarifa, esta iniciativa convierte la energía en un lujo inmediato, obligando a los ciudadanos a decidir semanalmente entre comprar la canasta básica o recargar el contador para no pasar la noche a oscuras.
Prioridades cuestionables y el abandono de soluciones reales
El malestar social ante esta propuesta se agrava al analizar el panorama completo de las decisiones estatales. Llama profundamente la atención la tenacidad con la que se impulsa un sistema enfocado en exprimir el bolsillo del ciudadano por adelantado, mientras grandes proyectos de generación pública que verdaderamente abaratarían los costos —y que ya están construidos— son extrañamente relegados, declarados en emergencia operativa o marginados por supuestas fallas técnicas.
La intención de exigirle a un pueblo empobrecido que pague por anticipado para cubrir los históricos agujeros financieros de la estatal eléctrica, revela una preocupante desconexión con la realidad. En lugar de apostar por una matriz energética fuerte que impulse la superación económica y el desarrollo del país, la prioridad parece centrarse en asegurar la recaudación diaria, demostrando que las soluciones estructurales que benefician al pueblo siguen quedando en un segundo plano.
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